Partiendo de que cada persona es un mundo, la dieta ha de ser totalmente personalizada, debe tener en cuenta no solo las particulares necesidades nutricionales del paciente sino también lo relacionado con el contexto vital de cada persona, su actividad física, las personas con quien convive, sus condicionantes laborales, el tiempo disponible, su metabolismo y por supuesto también sus gustos y preferencias.
Todo lo anterior es fundamental para lograr un cambio de hábitos alimentarios sostenible en el tiempo y evitar el efecto yo-yo.
Las dietas milagro no existen. Se puede comer de todo, pero en su justa proporción y medida, para que el momento de la comida combine salud y bienestar.
También considero fundamental conocer y adaptarse a la psicología de la persona, entender su estado actual, los posibles problemas o patologías presentes, sus motivaciones. Solo desde esta perspectiva integral física y psicológica se pueden alcanzar y sobre todo mantener los objetivos que establezcamos.
Uso la dieta mediterránea como base de mi trabajo y recomendaciones. Una dieta ampliamente reconocida a nivel mundial por sus beneficios para la salud.



